Radio Elite

Me estare convirtiendo en humano?

En una junta de trabajo, los directivos pidieron voluntarios para ir a Chicago, ya que con los recientes cambios en la economía, se había convertido en una hemorragia de presupuesto con sus sueldos altísimos, y en alguna junta durante un juego de golf, en el séptimo hoyo, alguien tomó un fuerte trago de whisky en las rocas y partiendo sus labios erradicó el futuro de quinientas almas y sus familias.

Siendo un joven ejecutivo ansioso por demostrar mi madera, rápidamente levanté la mano, con la mirada determinada y una pequeña sonrisa que he practicado frente al espejo, que demuestra una autosuficiencia y confianza en mí mismo que contradice mi edad, constante obstáculo. Me sorprendí al no ver otra mano en el aire de los 46 brazos presentes. Algunos entrecerraron los ojos intentando entender por qué me había ofrecido para semejante odisea, mientras otros se hicieron de la vista gorda, furiosamente escribiendo en sus Blackberries, como queriendo ahorcarles un cuello diminuto.

Recibí semanas de entrenamiento de recursos humanos, del departamento legal, de los gerentes, de los directivos, y presentaciónes de Powerpoint pasaron frente a mis ojos como carrusel, con los colores corporativos presentes en pequeños cuadros decorativos en la esquina inferior derecha en cada diapositiva. Me sentí como el elegido, aquel Perseo que preparaban para recuperar la cabeza de Medusa. Imaginé volviendo victorioso de aquel viaje de una semana, trayendo enormes noticias, hablando sobre cómo logre voltear completamente las actitudes de cientos de empleados que marchaban a la miseria, como en siglos atrás los ancianos hundían a las crías malformadas en gélidos ríos, trayendo paz para todos.

Conecté en Denver, me quité los zapatos y los puse en una caja, poniendo la laptop en otra. Yo me pregunto si el agente de seguridad se extrañó al verme sonriendo, tras ver tantas caras enfadadas el resto del día. "Voy a cumplir mi misión, y nada me puede detener", hubiera comentado si me hubiese preguntando, y si la declaración no me hubiera provocado un encierro de mínimo siete días sin abogado.

Instalándome en un Marriot cinco estrellas, ordené cuidadosamente mis zapatos, pantalón, camisa y corbata, en el orden en el cual me los pondría. Ajusté la alarma para levantarme una hora antes, habiendo confirmado en el GPS un tiempo estimado de 22 minutos para llegar a la sede de Chicago, 45 con tráfico. Me imaginé un par de semanas después a la cabecera de la larga mesa en el salón de teleconferencias. La luz a medio ardor, e hileras de cabezas volteando en mi dirección, sonriendo en expectativa. Se prendería el enorme proyector frente a mí, y una silla alta de cuero negro giraría lentamente ciento ochenta grados, hasta que el CEO me recibiera con un afectuoso saludo, pronunciando mal mi nombre. Enlistaría mi gran valor en tiempos de adversidad, mi breve pero espectacular trayectoria, y tras tres o cuatro minutos, se disculparía por su breve intervención y se desconectaría, al mismo tiempo que elevarían las luces de la sala a su máximo nivel, y una ensordecedora ronda de aplausos me llenaría de orgullo, y por más que les dijera que pararan de aplaudir, se rehusarían, tomando turnos para darme un incómodo saludo de medio abrazo al estilo Americano, y alentándome con alguna frase corporativa genérica. Sentí un escalofrío de la emoción y me fui a dormir.

Estacionando mi Accord 2009 de renta en el estacionamiento, entré a la majestuosa sede de Chicago, en los suburbios al noroeste. Adornada en un estilo art deco, caminé por un largo pasillo hasta llegar a la oficina de unos de los directivos. Salvo por haberlo visto previamente en el directorio corporativo, jamás hubiera imaginado que era un director. Sin corbata, una barba crecida de tres días, y unos ojos rojizos delataban una persona bajo ocho kilómetros de presión marítima, a punto de colapsar. Para no sentirme incómodo, me metí a un ritmo de conversación practicada, fluyendo rápidamente y expresando mi agradecimiento tras haber sido seleccionado para la enorme oportunidad frente a mí, pero bien pude haber estado hablando del clima, o de mi familia, puesto que simplemente asintió lentamente, viendo a través de mi corbata algún punto del más allá. Ya no estaba ahí.

Me sentó en mi escritorio temporal y me pasó una serie de documentos que detallaban las diferentes olas de despidos, con el ingenioso y ambiguo título "Schedule of Separation of Employment", la cual tenía una larga lista de nombres y fechas, en las cuales habrían de correr a todos. Me explicó que varios de los empleados llevaban años trabajando en la empresa, y calificarían para un finiquito considerable, de lograr llegar hasta las fechas. De la forma más indirecta y políticamente correcta, me insinuó que era mejor encontrar motivos legalmente factibles para correrlos, y evitar dicho desembolso.

Patrullando los pasillos, estornudé constantemente por el polvo que levantaba el desmantelamiento de los cubículos, destinados a la nueva sede en algún pueblo de fanáticos de Nascar con sueldos risibles. El ambiente era tenso y amenazante. Nadie sonreía, e hice todo lo posible por no entablar una conversación con nadie, disparando mi sonrisa corporativa en ráfagas, quizá unos cuántos grados menos expresiva. Sentí navajas en mi espalda nomás pasaba las hileras, y supongo que varias veces recibí el saludo de un sólo dedo.

El primer día, logré separar tres empleos. Dos por uso de celular dentro de zona prohibida, y uno más por excederse por veinte minutos de su media hora de comida. La rutina era pedirles un minuto de su tiempo, llevarlos hasta afuera de la instalación en una sala de juntas, y una vez fuera pedirle a Seguridad que desactivara su tarjeta de acceso. En un cuarto, estaba la gerente de recursos humanos, lista para entregarles sus documentos de separación, y una extensión de su cobertura médica. Mi corazón casi estalla las tres veces, mi cuerpo disparando adrenalina como pozo petrolero, preguntándome si sabían a dónde los llevaba. Probablemente sí. Nada como caminar en silencio por un largo pasillo, un par de pasos más enfrente, mientras el condenado hace lo posible por arrastrar los pies, pensando en la conversación con su familia esa noche.

Informándole mis logros al final del día al director, en vez de darme las gracias, simplemente preguntó que si qué dijeron los empleados. Al decirle que no estuve ahí, simplemente los llevé con recursos humanos, murmulló algo que no alcancé a entender. Me sentí algo decepcionado al no recibir una felicitación, habiéndole ahorrando a la compañía un promedio de doce mil dólares por persona, calculando las antigüedades.

Al día siguiente, no logré captar ninguna violación de las políticas de la empresa. Nadie me regresó la sonrisa, pero curiosamente no sentí miradas hostiles. Listo para empezar mi día, llegúe a mi escritorio para encontrar una impresión de una foto de Hitler pegada con una tachuela en mi cubículo. Sentí como mi cara se tornó roja, pero no demostré ninguna emoción. Tranquilamente saqué mi laptop y me puse a trabajar. Decidí dejar la foto de Hitler donde estaba.

Al tercer día, no saludé a nadie, y me fui directamente a trabajar. Concluí que no lograría captar a alguien violando alguna política abiertamente, y me puse a analizar desempeños, monitoreando el flujo de trabajo. Bingo. Usando sistemas de monitoreo remoto, logré capturar varias violaciones de usos inapropiados de sistema- gente pendejeando en internet. Logré correr a dos, y una vez más volvió el orden. Tras revisar lo que probablemente fueron cientos de pantallas, no logré encontrar nada. En el estacionamiento, logré ver a un grupo de empleados reunidos, y cuando salí me voltearon a ver detenidamente. Me subí a mi carro y me fui, pero antes de entrar al hotel me aseguré de no encontrar rayaduras en la pintura.

Cuarto día. Un reporte me advirtió que un empleado no estaba en su escritorio como debía. Tras buscar por los pasillos, me lo encontré hablando en la cafetería por celular. Sostenía una conversación emotiva, y su voz desquebrajada indicaba mucha angustia. Interrumpí tosiendo levemente detrás de él, y al voltear, le indiqué que debería estar en su escritorio trabajando. Tras avisar que regresaría la llamada, se paró, y viéndome directamente a los ojos, me preguntó, "¿Qué me vas a hacer? ¿Correrme? De todas formas me van a correr en dos semanas." Quisiera haber reaccionado con mi rápido y entrenado léxico corporativo, pero me averguenzo al aceptar que no encontré las palabras adecuadas, y sentí que no era prudente agitarlo. Recursos humanos procesó su separación por insubordinación.

Esa noche, no pude dormir. Me desperté jurando que alguien estaba tocando la puerta. Puse la cadena y me asomé, pero los largos pasillos del Marriot estaban vacíos. Me entraron unas enormes ansias por fumar. En vez de bajar al estacionamiento, abrí la ventana, dejando entrar el frío aire, y pegué unas pocas fumadas antes de aventar el cigarro desde el séptimo piso, perdiéndose en la nieve.

El quinto día, decidí no buscar motivos por separar a nadie. Llegué con ropa semi-casual, como era costumbre los viernes, y me puse a trabajar en unos reportes. No accesé el monitor de empleado alguno, ni me molesté en revisar si todos estaban trabajando. Vagué por los pasillos un rato como fantasma. Todos ya sabían mi propósito, pero me habían aceptado como alguien acepta que las alcantarillas lleven ratas y los inviernos traigan cerros de nieve que cubren sus casas. Viendo el directorio corporativo, me puse por primera vez a ver las caras de los empleados. Caras felices y sonrientes, algunos con corbata desde el primer día, listos para trabajar, para forjar amistades, y para alimentar a sus familias. Para pagar la colegiatura de sus hijos, para comprar un segundo carro para sus esposos y esposas, para pagar la hipoteca de sus casas, para juntar fondos de retiro. Para tener seguro médico, para comprar las pastillas de sus hijos paraplégicos. Para alimentar su alcoholismo, para comprar más drogas antidepresivas, para ahorrar para un viaje a Europa. Para viajar, para escapar de la realidad, para vivir una vida plena. Para alcanzar la felicidad.

En la cafetería, me topé con un hombre cuyo chocolate se había atorado en una de las máquinas. Golpeaba el vidrio e intentó moverla, pero al verme acercarme, desistió inmediatamente y se dio por vencido. Mientras se iba yendo, le dije que se esperara. Compré el mismo chocolate, y la máquina escupió por fin el mío y el suyo. Le di su chocolate, estirando mi primer sonrisa en días, una sonrisa genuina, lejos de mi sonrisa practicada. Y el también sonrió, y me dio las gracias.

Fui a la oficina del director, pero se había ido a mediodía. El no perdería su trabajo, pero tendría que irse al pueblo rural, de menos de 25,000 habitantes. Dejé mi reporte en su escritorio, y salí a comer, atragantándome con un steak y camarones scampi, asegurándome de conservar mi recibo.

Al final del día, moría por regresar a Nuevo Mexico. Me sentí como un completo extraño, y entendí por qué mis compañeros con más experiencia se rehusaron a participar. Quise imaginar aquella conversación en el campo de golf, entre presidentes y vicepresidentes, entre accionistas y ancianos multimillonarios. Quise imaginar el preciso momento en el cual un grupo de contadores analizaron una hoja de Excel, y en vez de ver números negros, los vieron rojos.

Regresando a la oficina, decidí empacar e irme temprano también. Mi trabajo había terminado. En vez de sentir una enorme satisfacción, me sentí completamente vacío, sabiendo que bien no había sido necesario separar a los empleados de esa semana. Cierto, a las pocas semanas sus empleos se cerrarían y desmantelarían el resto de los cubículos, pero bien unas pocas semanas de sueldo podrían hacer una gran diferencia.

Empacando mi laptop, guardé unos cuántos documentos y trituré otros pocos. De pronto, me percaté de algo: ya no estaba la impresión de Hitler. ¿El hombre del chocolate? Sonreí y me fui en mi carro rentado, y no me molesté en revisar la pintura del carro.

En mi vuelo de regreso, no encontré las palabras que pensé que fluirían al llegar a la oficina al siguiente lunes. ¿Cómo estuvo? Me preguntarían. Viendo las gruesas nubes por la ventana, sentí un alivio al dejar la blanca ciudad de Chicago. Sentí también un alivio al saber que no me esperaba un Nazi en la oficina en Rio Rancho. En saber que al volar acumulaba millas para más viajes y premios. Al saber que habría comida en mi casa, y gasolina en mi carro. Atrás quedaron mis ilusiones de grandeza al ser el filoso joven ejecutivo, capaz de cumplir cualquier cometido, y de demostrar lo atrevido y objetivo que soy.

Simplemente, es el trabajo de mis sueños, es el trabajo que me permite crecer, aprender, y a la vez, soñar. Y ése es un lujo que por lo menos quinientos quisieran.
Posted on miércoles, julio 21, 2010 by Megabyte and filed under | 18 Comments »

18 ladridos:

N3troyano dijo... @ 21 de julio de 2010 15:56

No carnal!!! no te estas conviertiendo en humano ,eres ya un gran ser humano. simplemente estas en transformacion y tu mente empieza a cobrar la cuota del saber.

sigue asi bro y muchos exitos

atte Netroyano

g4rf0x dijo... @ 21 de julio de 2010 23:29

chinga haz de estar enfermo estas pasando de ser
el pinche mamonsito que presume mucho lo poco
que abarca... a ser un humanista no mames
eso y la pelicula que vi hace un rato...
no no mames (inception)

En fin asi son la mayoria de empresas de primer
nivel... mientras mas grande es el hormiguero,
mas hormigas.

ya viene el fin del mundo.. maldita sea
todos apunta a que morire joven y exitoso


y la neta no te imagino jugando golf we hahaha
asi vestido de boina y zapatitos de picos...
con vestimenta a cuadritos.

Megabyte dijo... @ 21 de julio de 2010 23:58

Nisiquiera entendiste el post, yo no era el que estaba jugando golf.

Anónimo dijo... @ 22 de julio de 2010 18:20

Supongo que es un cuento inventado como el anterior (en el que matas a un niño). Salvo que esta muy rollero, me gusto la ingenuidad del personaje. Ese pensar de que la chamba que le dieron era de ejecutivo cuando en realidad es un trabajo del más bajo nivel. Por eso los compañeros no la quisieron tomar y a los jefes les valia en realidad sus comentarios.

Muy lejos de ser un ejecutivo aunque tuviera el poder de correr gente. Es como si el cobrador se sintiera rico porque cobra el dinero de su compañia. Buen enfoque.

Megabyte dijo... @ 23 de julio de 2010 00:16

Dudo que sea un trabajo de bajo nivel el viajar con viaticos pagados. Y si tu conclusion es esa, realmente no entendiste el articulo.

Falkore dijo... @ 23 de julio de 2010 07:45

no mam3s megabyte, este post me sorprende

Anónimo dijo... @ 23 de julio de 2010 18:34

creo que más bien no aprendiste nada de tu experiencia :)

Lástima porque aparentaba ser buen post.

Se que tu apodo en realidad es megabite (con i latina) y por eso le das mucha importancia a la comida ( Se ve en tu panza ), pero eso no es nivel; debes estar muy hambreado para que sea importante la comida y no la experiencia dizque ibas a aprender. Hasta mi reptil me sigue por comida, eso no es nivel.

Julian A. Rodriguez dijo... @ 24 de julio de 2010 15:30

Muy bien, yo sabia que esto tendria que pasar algun dia, tu conciencia y tu madurez te iva a ganar algun dia, tengo anos leyendo tu blog, cuando estaba yo en el under hace tiempo pero ahora me encuentro como tu y si, tarde o temprano nuestras experiencias nos ensenan mas.

Anónimo dijo... @ 24 de julio de 2010 16:50

Si, yo tambien mando a varios subordinados a trabajar de monitores en stands corporativas ;)
me entregan cuentas desde una vpn mientras veo tv de cable desde un sillon confortable

By: Bathory.
Buen trabajo office boy

g4rf0x dijo... @ 25 de julio de 2010 12:27

hahaha shiale... no se que me da mas risa si la gente que deja sus comentarios ardidos o los que ven que trabaje en hp de ejecutivo como algo super sensacional..

porque si mbyte lo ve como super sensacional ps hasta cierto punto no es malo, es auto estima y ps... es darle ego a su persona aunque si se la mama el wey pero... es normal.

pero de eso a que todos los demas lo vean como algo tan sensacional que lo pongan en duda solo muestra su nivel tan inferior.

Eso de correr gente no es poder hahaha.. es una funcion media pinche y los que realmente nos desarrollamos a todos nos pasa que nos manden a hacerlo y sentirnos pocamadre al ir por la simple idea pendeja de que es poder... pero ya estando ahi es incomodo.

Yo creo que puedo vivir con el mbyte y mi ego creo que es mas grande e insoportable pero... no creo que podria vivir con todos ustedes que lo ven como algo imposible de ensueño imposible de lograr.

Por otro lado son un mal necesario porque gracias a que gente como ustedes existe en el mundo... individuos como yo podemos ser considerados como "especiales" y llevar vidas de "ensueño".

haha saludos

Anónimo dijo... @ 25 de julio de 2010 12:41

Pendejo Bathory solo sabes decir yo tambien yo tambien yo tambien vete a a la verga

Anónimo dijo... @ 1 de agosto de 2010 10:51

muy buen cuento

fabio dijo... @ 3 de agosto de 2010 14:44

No soy bueno entendiendo historias, pero algo que si creo mega, es que cuando se gana el respeto de personas realmente importantes es cuando todos empiezan admirarte, y es cuando hablan de uno en todos lados, ojala des ese paso a la madurez como lo relatas en la historia y salgas de todo ese circo que se ha venido armando con los demás personajes que siempre están (los otros que se creen consultores y empresarios).

Ice Cool dijo... @ 6 de agosto de 2010 22:07

Muy bien megabolas, tu deberias ser escritor de novelas no ingeniero cabron, me cae que este cuento ya lo quisiera oscar wilde o william shakespeare...le pones mucho misterio, mucho cerebro, aunque la neta estas historias nadie te las cree wey jajaja, tu sigue asi, por estas mismas mamadas es por lo que te seguimos en el blog, el dia que cambies, "nadie se te ira a presentar" jajaja (y)

PD: me vale reata si son verdades o son mentiras...estas historias son geniales jua jua jua

Megabyte dijo... @ 7 de agosto de 2010 04:08

Nadie me las cree? Jaja si no es una historia supernatural, imagina que tan poca cosa te sientes para asombrarte con tan poco xD

Ice Cool dijo... @ 7 de agosto de 2010 10:27

jaja no, simplemente me asombro de la cantidad de pendejadas que puedes llegar a poner xD

Don.Luigi dijo... @ 10 de septiembre de 2010 20:23

Viste "Up in the air" y tu imaginación hizo el resto.. Yo trabajo en IBM y hay gente dedicada y especializada en eso, nada de andar preguntando "who wants to..?"

Anónimo dijo... @ 18 de noviembre de 2010 12:49

a mi si me gusto la historia la leei todo practicamente te enviaron a despedir personas para ahorrar dinero a la empresa


no entendi esta parte "pero tendría que irse al pueblo rural" a la final si lo votaron pero le pagaron sus años de servicio no?

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Ladrad queridos siervos, Ladrad y aprovechad los hocicos con los que los he bendecido.